Ruidos Molestos que Afectan Nuestras Vidas.

 

Hay días, en que solos en nuestro pequeño cuarto de estudio, mientras leemos o tratamos de resolver algún problema, escuchamos música previamente grabada, con piezas musicales de nuestro agrado a fin de que nos acompañe.

Más de una vez, hemos suspendido nuestro trabajo y nos hemos puesto a pensar en la importancia de nuestro sistema auditivo.

Tratemos de imaginarnos como nos sentiríamos, que clase de persona seríamos si hubiéramos nacido totalmente sordos.

Desde luego, no podríamos disfrutar de las conversaciones con nuestros amigos, ni de la música que hoy escuchamos.

Quizás, con mucho esfuerzo, con un gran entrenamiento y mucha paciencia por parte de los maestros y profesores, podríamos aprender a articular algunas palabras para que se nos entendiera.

No podríamos, desde luego, disfrutar de un buen concierto musical.

Tampoco podríamos gozar de una mañana en el campo, cuando se instala la orquesta de pájaros, para brindar su concierto de bienvenida al sol que asoma trayendo el nuevo día.

Sería sumamente peligroso salir a la calle solos, puesto que no seríamos capaces de oír cuando se aproxima un vehículo peligrosamente.

Tampoco podríamos oír el grito de advertencia de algún transeúnte avisándonos del peligro. Toda nuestra vida sería gris y triste.

Este tipo de pensamiento, bastante lúgubre por cierto, nos advierte; aunque más no sea por la vía negativa, de las importantes funciones que desempeñan nuestros órganos auditivos. El mundo está lleno de sonidos.

A esos sonidos que continuamente nos llegan; les prestamos atención, o simplemente los oímos sin preocuparnos?

Tal vez, oímos aquellos sonidos que llaman nuestra atención, desdeñando a los demás. Quién, alguna vez, no se ha sentido molesto por el zumbar de una mosca, o la radio del vecino cuyo volumen nos impide concentrarnos?

El ruido del motor del coche del vecino nos indica que está llegando.

Las notas musicales que nos llegan del piso superior, nos indican que la hija de la vecina se puso a estudiar la lección de piano.

En el piso de abajo del nuestro se escuchan acordes de guitarra, el cual nos dice que el vecino se dispone a ensayar.

Como podemos apreciar, todos estos sonidos poseen diferentes tonos que, de alguna manera, se distinguen entre sí y nuestros oídos los clasifican de formas diferentes. No confunden el sonido del piano con el de la guitarra.

Lo mismo ocurre con las voces de nuestros amigos.

La voz de Pedro es diferente a la de Luis.

Una puede ser más ronca, más nasal, más aguda o más chillona, pero siempre existe algo que las distingue a una de las otras.

El zumbido de la mosca puede llegar a molestarnos y, hasta irritarnos, al punto que dejemos lo que estábamos haciendo y nos dediquemos a matarla.

El silbido de la tetera nos dice que el agua está caliente y, que quizás sea hora de hacer una pausa para tomar un té o un café.

A cuantos de nosotros ciertos ruidos o sonidos, no nos han traído recuerdos de tiempos pasados. Cuando escuchamos cierta tonada musical y la misma nos lleva a la noche en que bailábamos con aquella novia que después no fue.

Unos tacos de mujer por la vereda, quien al escucharlos, no recuerda cuando esperaba que ella viniera.

Todo eso, y muchas cosas más, nos llega a través de nuestro sistema auditivo: El Oído.

¿Qué es el oído?

Podemos decir que el oído es el órgano de la audición y del equilibrio.

¿Cómo está compuesto el oído?

El mismo está compuesto por el oído externo, oreja o pabellón, el canal auditivo, el oído medio y el oído interno.

El oído medio y oído interno están encerrados dentro del cráneo.

En el oído medio encontramos tres huesecillos conocidos como martillo, yunque y el estribo. También encontramos la trompa de Eustaquio que conecta el oído con la parte posterior de la nariz.

En el oído medio hay un espiral llamado caracol y dos canales semi circulares

que es donde reside el equilibrio.

Este mecanismo, muy complejo por otra parte, es el que nos permite captar el

sonido u ondas sonoras.

Ahora bien; que es el sonido?

Todo sonido es una vibración. Y; ¿qué es una vibración?

Bueno, podríamos decir que, vibración, es un movimiento molecular rápido de un cuerpo. Está bien pero; ¿qué es un movimiento molecular?

Podemos decir que es un montón de moléculas que se agitan, que se mueven rápidamente, sin avanzar ni retroceder. Se mueven rápidamente pero sin salir de donde están.

También podemos decir que el sonido es la sensación producida en el órgano del oído por el movimiento vibratorio de los cuerpos, cuando están comprendidos entre 20 y 20.000 vibraciones por segundos.

¿Cómo se manifiesta? ¿Cómo llegamos a darnos cuenta del sonido?

Para hacerlo un poco menos complicado, diremos que el sonido es la traslación de una onda sonora en todas las direcciones.

¿Han observado cuando tiran una piedrecilla, u otro objeto cualquiera, en un estanque con agua que se forman ondas que se alejan?

Las ondas sonoras actúan exactamente igual, al salir de la fuente que la emite se aleja del centro hacia el exterior en todas las direcciones.

Estas ondas sonoras al viajar por el aire llegan hasta el pabellón u oído externo.

Entran al oído, viajando a través del canal auditivo hasta una membrana muy fina y muy tensada, llamada tímpano, donde son transformadas en vibraciones transmitidas por el martillo, el yunque y el estribo hasta el caracol. Allí, en el caracol, estas vibraciones, son recogidas por millones de microscópicos vellos, que los convierten en señales eléctricas que serán llevadas al cerebro para que sean interpretadas como sonidos.

Todas estas células auditivas son, en cierta medida, cada una especialista.

Algunas reaccionan ante ondas sonoras de tono bajo, otras lo hacen ante ondas sonoras de tono alto.

El tono de un sonido depende de la frecuencia de sus vibraciones.

¿Qué quiere decir esto? Significa que si el aire vibra entre 100 o 120 veces por segundos oiremos una nota baja, pero si en cambio vibra a razón de 8.000 o 10.000 veces por segundo oiremos una nota alta.

De cualquier manera, no oiremos bien si nuestras células auditivas no están en perfectas condiciones.

¿Cómo se destruyen nuestras células auditivas?

Dejando de lado alguna posible enfermedad, cuando son maltratadas por ondas sonoras violentas. Cuando son atacadas por el ruido.

Cada uno de nosotros, para dormir o descansar; bajamos las persianas de los ojos para que no entre luz.

Nuestros oídos no tienen párpados naturales que nos aíslen del ruido, por lo cual nuestras células auditivas nunca pueden descansar.

Estas células están siempre de guardia, de día o de noche, no descansan nunca.

Cualquier onda sonora que llegue, les guste o no, ya sean las tres de la madrugada o las 15 horas de la tarde, tienen la obligación de dirigirlas al cerebro.

Cuando esa onda llega en forma estruendosa y, las toma desprevenida porque estamos durmiendo o, simplemente distraídos, no tienen defensa.

Es el caso de cuando dormimos y, a las dos de la madrugada, a un señor se le ocurre realizar una "picadita" con su automóvil al que ha sacado el silenciador. En ese momento en que aprieta el acelerador, los gases de escape salen expelidos con una velocidad de más de 120 o 150 kilómetros por hora que al chocar contra el aire atmosférico produce un ruido ensordecedor.

El ruido intenso y continuado va cargando de años a nuestras células auditivas haciéndolas envejecer prematuramente.

Como cualquier animal o vegetal, envejecen y mueren.

Cuando muere una de estas células, deja un hueco entre las siguientes, lo cual dificulta la comunicación.

En la medida que sigan muriendo células las distancia entre una y otra son mayores haciendo más difícil la comunicación.

La persona oye que alguien le habla pero no entiende lo que le dicen, especialmente si hay otros ruidos, otros sonidos.

Cuando escucha música, algunas notas, algunos tonos; parece que no suenan bien, parece que faltan notas.

Cuando se llega a ese estado, es que hemos perdido gran parte de nuestra capacidad auditiva. Lo más grave, es que es irreversible, no hay retorno.

Hay un viejo dicho que sostiene que: El bien no hace ruido pero, el ruido no hace bien. El ruido daña el sistema auditivo en forma permanente, pero además, produce cansancio, irritación, estrés, dolor de cabeza, tensión muscular y eleva la presión sanguínea.

El ruido exagerado es perjudicial para la salud, tanto como el aire contaminado y el agua sucia.

Si el sonido es muy agudo puede causar sordera temporaria y, aún permanente.

Un sonido continuo y persistente durante el sueño, perturba al mismo y provoca cansancio e irritación.

Salvo que usemos tapones en los oídos, no tenemos forma de escapar del penetrante estruendo del escape de un automóvil sin silenciador.

Según médicos amigos, a quienes hemos consultados, los efectos físicos del sonido pueden ser sumamente perjudiciales para el ser humano.

El ultra sonido, es una frecuencia tan elevada, que no llegamos a percibirla, pero nos puede quemar la piel por la agitación y roce entre sus moléculas.

Por el contrario, el infrasonido, que son vibraciones con frecuencias muy bajas, pueden llegar a desintegrar un cráneo humano.

Esta gama de frecuencias muy bajas, si llegan a producirse mientras dormimos, nos pueden causar insospechadas náuseas, fatigas y vértigos por las mañanas.

Según especialistas que estudian los efectos de los sonidos en los seres humanos, sobre todo si es súbito y violento, tiene el mismo efecto que la aparición repentina de un toro que enviste.

Se experimenta una sensación extraña, los vasos sanguíneos se contraen, provocando palidez y tensión muscular.

Hoy por hoy, sobre todo en países como Uruguay, el principal responsable de los malos humores del ciudadano común es el tránsito vehicular.

Nuestras calles y avenidas se han convertido en un verdadero infierno sonoro.

El ruido producido por la flota automotor, perturba la audición de los programas radiales y televisados, obligándonos a cerrar puertas y ventanas a fin de poder escuchar o, simplemente, conversar en familia.

Ha habido una verdadera invasión acústica a nuestra intimidad hogareña

¿Por qué sigue existiendo la anarquía sonora?

Quizás, porque el ruido es barato, mientras el silencio cuesta.

Andar sin el silencioso adecuado, al dueño del automóvil, no le cuesta nada; la colocación de un buen silencioso es caro.

"El ruido que hace un camión pesado al subir una cuesta representa apenas unas pocas milésimas del 1 % de la potencia del motor: el dinero gastado en hacerlo más silencioso no aumenta en nada su eficiencia."

¿Que nos queda por hacer a los sufridos ciudadanos ante el ataque despiadado de los automóviles, camiones, autobuses y, sobre todo, de las motos con escapes libres? ¿Nos adaptamos, acostumbrándonos al ruido?

Cuando alguien le diga que ya está acostumbrado al ruido, no le crea, la realidad es que ya ha perdido capacidad auditiva y, simplemente no oye.

Esta excusa podrá salvar las apariencias pero no le cura la sordera.

Muchos jóvenes viven hoy con aparatos electrónicos conectados a las orejas, y no se enteran del ruido infernal de los autobuses, camiones y automóviles.

Por otra parte van perdiendo capacidad auditiva por escuchar música a tan altos decibeles. Paulatinamente van matando sus células auditivas.

Por tal razón cuando concurren a una fiesta, para "sentir la música" necesitan de 95 o 100 decibeles.

Tiemblan las paredes y no se dan cuenta.

No nos damos cuenta pero, nuestra capacidad auditiva está limitada entre 20 y 20.000 ciclos por segundo, variando entre una persona y otra.

Por encima de 20.000 c/s, el oído humano no los percibe.

No ocurre lo mismo con algunos animales, caso de los perros, que sí pueden oír por encima de 20.000 c/s, capacidad que es utilizada para llamar a los perros guardianes mediante el uso de un silbato ultrasónico, inaudible para el oído humano, pero perfectamente percibido por los perros.

Algunas veces, hacer ruido, constituye una fuente de diversión para algunos.

Algunos motociclistas retiran los silenciadores de sus máquinas, porque creen ellos, tener la sensación de que aumenta la potencia.

Solamente hacen más ruido y molestan a los vecinos.

Es propio de las personas ignorantes.

 

Prof. Eustaquio Gadea Díaz.